martes, 13 de diciembre de 2016

Alas infernales/ Salida

Salida

Karma

Dejo mis pensamientos y la pluma con la que estaba escribiendo a un lado. Mis ojos se posan en el trozo de "cielo" que se observa desde la ventana, es hora de comer. Mi padre aún no ha llegado a casa y no creo que lo haga hasta que esté dormida.

Voy a la cocina, no queda casi comida. Cojo un trozo de pan y me lo como con un poco de aceite por arriba. Es la tercera vez en la semana que como eso, y porque estamos a Miércoles. Abro el grifo y mientras lleno un vaso con agua mis pensamientos abandonan mi cuerpo. Vuelvo en mí cuando noto como el agua moja mi mano al rebosar del vaso.

Un leve suspiro se escapa de mi boca. Ahora esta es mi vida. He estado en una batalla siendo la mejor de las guerreras y ahora me toca quedar encerrada en estas cuatro paredes que quieren simular ser una casa.

Una tímida lágrima empieza a mojar mi rostro. Me gusta la soledad en la que me deja mi padre porque me permite ser débil. No tengo que aparentar ser siempre fuerte. Más lágrimas acompañan a la anterior y mis hermosos ojos verdes toman un notable color rojo a la vez que se hinchan.

Respiro profundamente mientras me tranquilizo. Solo ha sido un mal momento. No soy capaz de comprender como siendo un demonio puedo ser tan frágil, a veces. Pensar en mi fragilidad me recuerda cuando se metían conmigo en el colegio... Sacudo la cabeza para alejar eses recuerdos.

¡Si, eso haré!- exclamo al aire.- Saldré a dar un paseo. Ver las nubes tan rojas siempre me relaja.
Con estas, guardo la pluma y el papel en el que estaba escribiendo y dejo atrás la casa a la que volveré en unas pocas horas para entrenar antes de que mi padre llegue y me descubra.

Christopher

Continuo observando la sangre que tengo en el tarro, es tan hipnótica como una lámpara de lava. Aunque mirarla me produce un leve sudor frío, ya que sé lo que significa tenerla. Quiere decir que he salido a luchar y que ese demonio puede ser destruido.

Que se pueda destruir me tranquiliza aunque me aterra. Como ya he dicho, no quiero acabar con ella, aunque mi mente sabe que es lo mejor pues tengo que acabar con todas las potenciales amenazas para los otros ángeles y para los humanos.

El haber estado en una pelea es lo que más me incomoda. Ahora sé lo que es estar en un campo de batalla, conozco el olor a sangre, la mirada de ira en el enemigo, los gritos de dolor de los heridos o el último chorro de voz de aquellos que son silenciados para siempre... Y lo que más me incomoda, es que me ha gustado. Es que he disfrutado ante tan atroz acontecimiento.

Como necesito relajarme un poco, ante la excitación de pensar en que sigo chocando mi espada con su tridente, decido coger un trozo de papel y empezar a dibujar un montón  de lineas al azar. Estas empiezan a tomar forma a medida que mis pensamientos se centran en el sonido del choque de nuestras armas, en sus ojos verdes que se transformaron a rojos al verme...
Cuando me fijo en lo que he dibujado, veo que lo que allí estaba representando era ni más ni menos, que un brazo con una serpiente tatuada.

Siento que debo de destruirlo, pues el demonio ha sido la fuente de inspiración. Pero, por otro lado, nunca antes me había salido un dibujo tan bien, por lo que decido guardarlo en el tercer cajón. Después, me doy cuenta de que no tengo nada que hacer en casa y decido ir a dar un grato paseo.