El 25 de Diciembre, me levanté para mirar si había algo
debajo de la chimenea. Nada, estaba todo como la noche anterior, al parecer
Papá Noel se olvidó de visitar mi casa, pues no dejo ni una nota. Podría
dejarme un "Su corazón ya lo regalé" o un "Agotado, ya te lo
traen los reyes", pero no.
Todo estaba vació, las galletas y la leche que dejara allí
la noche anterior ni las tocó, definitivamente, pasó de mi casa, paso de mi
chimenea, de mis calcetines, de mi comida, de mi carta, en definitiva, paso de mí.
Yo solo le pedí el corazón de la persona que amo, pero
parece que ni siquiera Papá Noel me lo puede traer. Supongo que porque alguien
más guapa, más lista, más rica, más importante, más amable, más simpática, más
perfecta ya lo pidió antes y el señor Noel, tras consultarle a Cupido decidió
que ella debería ganar.
Supongo que tengo celos, de que todos ahora estén
disfrutando de su regalo y yo, tenga que dejar todos los planes que tenía
preparados para nosotros en un rincón, marginados, sin poder llevarlos a cabo.
Todo porque una persona que puede hacer volar a
los renos, no es capaz de regalar un corazón.