viernes, 26 de diciembre de 2014

Bajo la chimenea

El 25 de Diciembre, me levanté para mirar si había algo debajo de la chimenea. Nada, estaba todo como la noche anterior, al parecer Papá Noel se olvidó de visitar mi casa, pues no dejo ni una nota. Podría dejarme un "Su corazón ya lo regalé" o un "Agotado, ya te lo traen los reyes", pero no.

Todo estaba vació, las galletas y la leche que dejara allí la noche anterior ni las tocó, definitivamente, pasó de mi casa, paso de mi chimenea, de mis calcetines, de mi comida, de mi carta, en definitiva, paso de mí.

Yo solo le pedí el corazón de la persona que amo, pero parece que ni siquiera Papá Noel me lo puede traer. Supongo que porque alguien más guapa, más lista, más rica, más importante, más amable, más simpática, más perfecta ya lo pidió antes y el señor Noel, tras consultarle a Cupido decidió que ella debería ganar.


Supongo que tengo celos, de que todos ahora estén disfrutando de su regalo y yo, tenga que dejar todos los planes que tenía preparados para nosotros en un rincón, marginados, sin poder llevarlos a cabo. Todo porque una persona que puede hacer volar a  los renos, no es capaz de regalar un corazón.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Pequeña mandarina

Hoy he descubierto, que para encontrar al amor de verdadero tengo que estar con tres personas casi iguales, pero a la vez distintas. Porque cada una será más grande que  la anterior, sí, yo estoy hablando de medias naranjas, pero antes de llegar a esta, hay que pasar por la media clementina y por la media mandarina. Se parecen mucho, pero realmente no dan la talla.

A mi media clementina, ya la encontré, pero no funcionó, teníamos muchas cosas en común pero no era suficiente grande y amplia para mí. Realmente parecía ser más mi hermano pequeño que mi novio, por eso no funcionó, porque no había amor de verdad, sólo una buena amistad.

Mi media mandarina, también la abandoné, esta era más lo que yo buscaba, se parecía mucho al amor que deseaba, pero, realmente era eso... Una pequeña mandarina, no llegaba  a la naranja que yo estaba buscando, y que la acabé encontrando. Aun así, a mi media mandarina le extraño, porque a diferencia de la clementina, él era para mí, como un gran amigo, de esos que te alegran el día aunque estés en el peor momento de tu vida.

Y ahora, es el turno de mi media naranja, ¿La encontré? Sí, claro que la encontré. Estaba colgada en el baño y era tal cual yo. Sí, mi media naranja es el espejo, siempre siendo sincero y diciéndome que hasta que yo no me hiciese una naranja entera, no sabría nunca que es el amor. Y ahora que por fin estoy completa, le encontré, también era una naranja completa, por eso le pude dar una de mis mitades, pero la otra seguiría siendo yo.

Por si algún día me hace daño, no moriré, porque me queda otra mitad con la que volver a arriesgar y él también tendrá una nueva oportunidad. Por eso no puedes amar a nadie si primero no te amas a ti, porque serás una naranja incompleta y si te llevan esa mitad que tú eres, desaparecerás para siempre.


Intenta completarte y luego ya te podrás partir para ser la mitad de alguien y hacer de ahí una naranja nueva, hecha por dos trozos de dos naranjas completas y diferentes, y que cada una sigue conservando lo que es; una mitad libre y otra dependiente, para tener siempre igualada la balanza.