martes, 3 de abril de 2018

Soledad noctámbula

Calló la noche y con ella murieron las esperanzas de ese día. No seré la mejor persona del mundo, no llegaré a estudiar lo que deseo, dormir temprano y este año tampoco lograré enamorarle.

Llega la noche sin su luna, mis penas son las únicas que me hacen compañía en la oscuridad. Ya no hay rastro de los cigarrillos ni de las cervezas que adornaban la nevera hace dos horas. No hay nada que aparte los nubarrones de mi cabeza.

Las luces de la ciudad evitan que mis ojos vidriosos (como si de una ventana en los días de lluvia se tratasen) sean capaces de ver una estrella. Una que no sea fugaz para que  me haga compañía a las tres de la madrugada de un otoño cualquiera...

Llevo un año sin tomar el café de tus ojos y, aún me dura el insomnio producido por la última mirada que cruzamos aquella tarde de verano. Aquella tarde que conservo intacta en mi mente, para que sea mi salvavidas en las noches como esta.

Hoy calló una noche sin luna, sin estrellas, sin esperanzas. Hoy, calló otra noche en la que noto que los kilómetros acaban con todos mis sueños de tenerte a centímetros.