miércoles, 24 de septiembre de 2014

Celos de amistad

Como ya empieza a ser costumbre, me vuelves a superar. Pero no solo en las notas,  como ya estoy bien acostumbrada, si no que me superas en él.
Me encantaría poder llorar y así quitarme la pena de no tenerle, de no poder olerle, pero soy incapaz. Un muro me bloquea el paso de las lágrimas y no me deja escapar, ¿La culpable? , La rabia y puede que también la sucia envidia que siento por ti.

Debo evitar esta malsana envidia, porque eres mi mejor amiga, aunque creo que eso  no mejora las cosas. Pero sin ti no podría ser feliz, aunque sienta rabia y celos, porque en todo eres genial, nunca tienes fallos ni manchas y haces a todos felices. Pero lo que más odio de ti es lo que a  mí más me gustaría tener...  Si estoy hablando delo sociable que eres.

Yo siempre tan antisocial y tú siempre tan sociable, te integras tan rápido, mientras que yo siempre estoy en una esquina, observando e intentando aprender de ti, pero no se puede hacer algo perfecto de la cosa más imperfecta. Puedes decir que soy perfecta  a mi manera, pero ese tipo de perfección no le gusta a él.


Pensar en que si algún día conozco a alguien, cuando te  lo presente, lo que más deseará será conocerte y me dejará de lado. Todo para poder, al menos, rozar tu mano y darse cuenta de que todo este tiempo estuvo tocando la mano equivocada. La mano del diablo, la mano que escribe esto, con los dedos en carne viva, porque estas palabras la van quemando.

martes, 9 de septiembre de 2014

Azules, color iceberg

Y allí estaba yo, frente a él, con esos enormes ojos azules mirándome, y pensar que hace tan solo unos meses que comenzamos a hablar me resulta algo increíble y a la vez fascinante, porque en ese momento me di cuenta de cómo cambió todo.

La primera vez que le vi, me acerqué a hablarle, me miró con esos ojos azules, que me transmitían frío, desconfianza, amargura, impasibilidad y mucho dolor escondido en su interior. En el momento en que le dije "hola" todo se confirmó, es increíble como los ojos nos pueden contar más que las simples palabras.

Los días pasaban, pero las conversaciones no eran muy grandes, solo me hablaba para pedirme algo o si tenía alguna duda, pero yo, intrigada por lo que escondían aquellos ojos me lancé y le preguntaba muchas cosas.

Al principio solo respondía con monosílabos, pero cuanto más avanzaban los días, ya empezaba a hacer frases y alguna que otra pregunta, lentamente sus ojos parecían menos fríos pero aún faltaba un largo tramo que recorrer.

Después de cuatro semanas hablando nos dimos el número, en ese momento lo que habíamos creado se hizo más fuerte y empezamos a hablar cada vez hasta más tarde, era algo especial; llegó un momento en que un día sin hablarle, era como un día perdido.

Llegó un día en que al verle otra vez los ojos ya no había desconfianza y lentamente el frío que sentía al mirarlo se fue, para transformarse en algo cálido, en algo que me calentaba el alma y lo más profundo de mi corazón.

Y hoy, me di cuenta que él iceberg de sus ojos, se derritió por completo, lo supe porque de sus ojos salía agua, un agua muy fría que llevaba mucho tiempo congelado, provocando que estuviese en continua tristeza.


Pero en calor de mis palabras lo descongelo, haciendo que, por primera vez en su vida, pudiese expresar todo el dolor que tenía, sin tener que ocultárselo al mundo, al frío y cruel mundo, que hizo de aquellos ojos, el más frío de los icebergs.