martes, 14 de febrero de 2017

Desahogos.

I

¿Y si realmente todo fuese un sueño? ¿Una ilusión? ¿Qué cada persona nueva que conocemos la ha creado nuestra imaginación para llenar una parte de nosotros? ¿Qué, por eso, cuando estamos en una cierta situación y la compartimos con otra persona, esta suele entendernos?

La verdad, sé que la vida no es así, pero me gustaría creer que sí. Que cuando algo cambie, creemos a una persona que nos enseñe como controlar la situación.

II

A la gente no le gusta mirar a los ojos a las personas tristes, a veces, ni las quieren tener cerca ¿Por qué?
Un día llegué a la conclusión de que es porque sus ojos expresan un montón de sentimientos que tienen atrapados en su interior, y  las personas normales no son capaces de procesarlos todos, y eso les asusta.

Les asusta no entender como alguien, con tantas cosas dentro, pueda estar mal. No entienden que los sentimientos puedan llegar a ser una carga muy pesada, aunque estos sean buenos. No entienden que la tristeza es un sentimiento necesario para librar el exceso de carga que tenemos, mediante las lágrimas. No se acuerdan de que un día, ellos también estuvieron tristes y nadie hizo nada.

III

¿Cómo recuperamos algo que nunca hemos tenido? ¿Cómo dejas marchar algo que nunca vino? ¿Cómo olvidas algo que nunca has recordado? ¿Cómo te gustan las cosas que odias? ¿Cómo despiertas si nunca has soñado? ¿Cómo sangras si nunca te han herido? ¿Cómo tocas algo que nunca ha estado a tu lado? ¿Cómo se respira si me quitas el aire? ¿Cómo gritas si todo es silencio?

IV
San Valentín se puede convertir en mi mayor infierno. Solo puedo pensar en estar a tu lado, haciendo las cosas típicas de pareja. Si, esas cosas que odio mirar cuando voy por la calle, que odio ver por los pasillos del instituto, esas cosas que me queman por dentro porque me recuerdan que no soy lo suficiente buena como para que una persona quiera mantener una relación seria.

Hay vacíos que la amistad no puede llenar.

martes, 13 de diciembre de 2016

Alas infernales/ Salida

Salida

Karma

Dejo mis pensamientos y la pluma con la que estaba escribiendo a un lado. Mis ojos se posan en el trozo de "cielo" que se observa desde la ventana, es hora de comer. Mi padre aún no ha llegado a casa y no creo que lo haga hasta que esté dormida.

Voy a la cocina, no queda casi comida. Cojo un trozo de pan y me lo como con un poco de aceite por arriba. Es la tercera vez en la semana que como eso, y porque estamos a Miércoles. Abro el grifo y mientras lleno un vaso con agua mis pensamientos abandonan mi cuerpo. Vuelvo en mí cuando noto como el agua moja mi mano al rebosar del vaso.

Un leve suspiro se escapa de mi boca. Ahora esta es mi vida. He estado en una batalla siendo la mejor de las guerreras y ahora me toca quedar encerrada en estas cuatro paredes que quieren simular ser una casa.

Una tímida lágrima empieza a mojar mi rostro. Me gusta la soledad en la que me deja mi padre porque me permite ser débil. No tengo que aparentar ser siempre fuerte. Más lágrimas acompañan a la anterior y mis hermosos ojos verdes toman un notable color rojo a la vez que se hinchan.

Respiro profundamente mientras me tranquilizo. Solo ha sido un mal momento. No soy capaz de comprender como siendo un demonio puedo ser tan frágil, a veces. Pensar en mi fragilidad me recuerda cuando se metían conmigo en el colegio... Sacudo la cabeza para alejar eses recuerdos.

¡Si, eso haré!- exclamo al aire.- Saldré a dar un paseo. Ver las nubes tan rojas siempre me relaja.
Con estas, guardo la pluma y el papel en el que estaba escribiendo y dejo atrás la casa a la que volveré en unas pocas horas para entrenar antes de que mi padre llegue y me descubra.

Christopher

Continuo observando la sangre que tengo en el tarro, es tan hipnótica como una lámpara de lava. Aunque mirarla me produce un leve sudor frío, ya que sé lo que significa tenerla. Quiere decir que he salido a luchar y que ese demonio puede ser destruido.

Que se pueda destruir me tranquiliza aunque me aterra. Como ya he dicho, no quiero acabar con ella, aunque mi mente sabe que es lo mejor pues tengo que acabar con todas las potenciales amenazas para los otros ángeles y para los humanos.

El haber estado en una pelea es lo que más me incomoda. Ahora sé lo que es estar en un campo de batalla, conozco el olor a sangre, la mirada de ira en el enemigo, los gritos de dolor de los heridos o el último chorro de voz de aquellos que son silenciados para siempre... Y lo que más me incomoda, es que me ha gustado. Es que he disfrutado ante tan atroz acontecimiento.

Como necesito relajarme un poco, ante la excitación de pensar en que sigo chocando mi espada con su tridente, decido coger un trozo de papel y empezar a dibujar un montón  de lineas al azar. Estas empiezan a tomar forma a medida que mis pensamientos se centran en el sonido del choque de nuestras armas, en sus ojos verdes que se transformaron a rojos al verme...
Cuando me fijo en lo que he dibujado, veo que lo que allí estaba representando era ni más ni menos, que un brazo con una serpiente tatuada.

Siento que debo de destruirlo, pues el demonio ha sido la fuente de inspiración. Pero, por otro lado, nunca antes me había salido un dibujo tan bien, por lo que decido guardarlo en el tercer cajón. Después, me doy cuenta de que no tengo nada que hacer en casa y decido ir a dar un grato paseo.

martes, 1 de noviembre de 2016

Se necesitan seis

Tras cinco intentos fallidos de empezar a escribir esto, creo ya sé por dónde tienen que ir mis palabras.

Me has dicho que te gustaba que escribiese sobre ti, así que eso es lo que voy a hacer, porque me resulta mucho más fácil decirte todo lo que siento a través de mi blog que por un mensaje de WhatsApp.

La verdad es que no entiendo como esto puede ser así, supongo que es porque si lo hago por aquí, tengo la posibilidad de no mostrarte nunca lo que dejo escrito, pero no puedo no mostrarte un mensaje que ya haya sido enviado.

Puede parecer algo complejo de entender o que solo me lo parezca a mí, no lo sé. Estoy algo confusa, pensaba que ya tenía las palabras bien organizadas para decírtelas, pero acabo de descubrir que ese orden no existe cuando empiezo a pensar en ti.

La verdad, aun llevo noches en las que me cuesta dormir por el caos  que me ha provocado hablar contigo en persona después de tanto tiempo sin verte. Aún no he podido similar todas las palabras que hemos compartido al margen del resto del grupo. Y lo que es aún peor, aun no me he quitado el recuerdo de tu cuerpo pegado al mío, tras fundirnos en aquel abrazo.

Y si mal no recuerdo... No, no, no, ¡No me lo puedo creer!, dime que es mentira, dime que lo que estoy pensado no es verdad. ¡Mierda, mierda, mierda! ¿Pero cómo coño te pude decir eso en persona? ¿Cómo cojones te pude preguntar si recuerdas que te dije que me gustabas? Joder...

Vale, vale, vale, respira, tranquila, respira, no pasa nada. Lo peor no es que te lo haya preguntado como si esas cosas fuesen algo fácil de olvidar, como si hoy le dices a una persona que te gusta y al siguiente ya se le tiene que olvidar. No, lo peor ha sido  lo que vino después.

¿Cómo te pude decir que a lo mejor solo te quiero como fuente de inspiración, si al mirar tus ojos clavados en los míos se me queda la mente completamente en blanco? Lo reconozco, no fue lo más inteligente, pero antes de tenerte delante era la cosa con más sentido del mundo.

Ya lo sé, ya lo sé, que es normal tener dudas y eso todo que se le suele decir a una persona para que no se sienta tan estúpida después de meter la pata de una manera realmente escandalosa. Pero no te escribo para que me digas eso todo, de hecho, ya ni recuerdo porque te estaba escribiendo...

Lo mejor va a ser que lo deje aquí para no empeorar más las cosas y a ver si la próxima vez pienso me lo pienso  seis veces antes de empezar a escribir.

martes, 18 de octubre de 2016

Chico Tomate

Puede que no tengas ni la menor idea de que es así como te llamaba al principio, en las primeras miradas furtivas, en las primeras flechas de amor... Siempre me ha gustado llamarte así para recordar lo sonrojado que estás.
                                            
Hace días que quiero escribirte esto, pero no tengo un diccionario del corazón y muchos sentimientos no los puedo transformar en palabras. Lo importante es que me muero por decirte que "Me gustas"; sé que ya lo he hecho millones de veces, pero necesito seguir haciéndolo por si en algún momento tú también lo sientes. Necesito recordarte-lo por si en algún día te olvidas de que tengo el corazón en carne viva y, sin tú saberlo, le hechas el más agrio de los limones.

 Empiezo a sentir que esto es una estupidez, una tontería. Supongo que no te gusta que te lo recuerde, que quieres pasar página y salvar esta amistad o lo que sea que nosotros tenemos.

¿Recuerdas cuando te dije que estaba fatal? Te he mentido en el motivo, no era por culpa de ver las imágenes de la muerte separando a mis gemelos favoritos; pero me di cuenta de que no te iba a decir: "Tengo un problema, y el protagonista eres tú".


Ya está, ya dije todas las palabras que me estaban ahogando, aunque esto no significa que el agua dejase de correr para acumularse de nuevo.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Testam(i)ento

Bienvenidos a mi testam(i)ento, aquí os voy a dejar por escrito y de forma oficial, todo lo que os voy a dejar mientras viva:

A mis amigos:

1. Una sonrisa en su rostro siempre que pueda.
2. Un hombro donde apoyarse o dejar las lágrimas para seguir caminando más ligero.
3. Los mejores consejos que se me puedan ocurrir.
4. Los chistes más malos del mundo.
5. Intentaré sacarles una débil sonora carcajada en los momentos más tensos.
6. Mis más sinceras palabras.
7. Y lo más importante, le voy a dar todo lo que soy, sin reservarme nada para mí.

A mi familia:

1...
 No tengo mucho que dejarles, pues todo lo que yo soy es porque lo he heredado de ellos.

Al Chico Tomate:

1. Le daría todo lo que me pidiese, pero no quiere nada mi.

A mi yo del futuro:

1. Le dejo el mejor pasado posible.

A mi futuro gato:

1. Todas las latas de atún que quiera.
2. Mi última mirada
3. Mi último suspiro.

Al resto del mundo:

1. Mi cuerpo pudriéndose debajo de la lápida.
2. Toda mi alma, que la dejo en cada uno de mis "escritos".

Dejo esto aquí escrito en pleno uso de mis facultades intelectuales, para que quede constancia de todo lo que vais a recibir mientras no me muera.

martes, 13 de septiembre de 2016

En proceso

Intenté olvidarle, de hecho, estoy conociendo a nuevas personas que me están ayudando en este largo proceso. No se pueden comparar con él, pero sí que están haciendo todo lo posible, aunque a pesar de ver en mí cosas que él no veía, no les puedo corresponder.

Esto me da mucha rabia, porque sé de primera mano, lo que significa sufrir por culpa de los amores no correspondidos, Pero lo siento, el corazón es así de caprichoso y no es capaz de comprender quién es mejor para su funcionamiento.

Lamento si a alguien le hago pensar que el amor no está hecho para él, pero no os lo voy a negar, todas las personas lo pensamos en algún momento. Que vamos a morir solos, que nunca nadie va a querer nuestros defectos, que el amor no está programada para entrar en nuestras vidas, que con nuestra media naranja se han hecho un zumo...

Solo son frases que usamos mientras el amor que nos va a corresponder está en proceso. Sí, el amor está hecho para todos, tarde o temprano aparecerá en nuestras vidas, sorprendiéndonos como solo este saber hacer.


Deciros que cuando la gente piensa eso es porque no ha encontrado la persona, el momento, el lugar... Y cuando lo hagan y vean que son correspondidos, se darán cuenta de por qué no lo habían encontrado antes. Porque non eran las personas correctas.

viernes, 19 de agosto de 2016

Viviendo irrealidades

-Quiero viajar, quiero llegar hasta la Luna y mirar su lado oculto, ver como el Sol no se ha marchado para abandonarnos. Y estar en compañía de las otras estrellas.

-Vale, te llevaré a la Luna, seré como tu Peter Pan. Iremos a Nunca Jamás y seremos dos niños perdidos más.

-¿Y luego qué haremos?

-Iremos de planeta en planeta en busca del que tenga una rosa y tres volcanes, para acabar en una escuela de magia y con tres soles reluciendo en el cielo.

-¿Haremos todo eso?

-Eso y más, te lo prometo.

-¿Y cuándo lo haremos?

-Ni Sherlock Holmes tiene la respuesta a esa pregunta.

Ella sonrío y cerró los ojos, estaba dispuesta a que todas esas cosas se le hiciesen reales aunque solo fuese en su cabeza, en sus sueños. No importaba, porque todas esas palabras le hicieron dormir con una gran sonrisa.

Él en silencio la observó, sabía que no podía llevarla a la Luna, pero sí que sabía qué hacer para que la Luna bajase hasta dónde está ella, sabía cómo ser dos niños perdidos más. Y le iba a hacer realidad esas locuras.

A la mañana siguiente, ella se fue a su clase de artes, le encantaba todo lo que aprendía. Ella pensaba que allí más que estudiar lo que hacía era vivir, disfruta con cada pincelada que daba, con cada escultura que hacía o con cada nuevo pintor que les enseñaban.

Las clases terminaron. Ese día hablaron sobre William Turner, también conocido como “El pintor de la luz”. A ella le despertó algo en su interior, le encantaba como captaba las cosas, cada pincelada que había sobre ese lienzo.

Al salir la estaba esperando, como todos los días. Ella subió al coche muy emocionada y no paraba de hablar, le contó todo lo que había aprendido en aquellas clases. Todas las ideas que se despertaron en su mente. Por eso, tardó en darse cuenta de que se habían pasado su casa hace mucho tiempo.

-¿A dónde nos vamos?

-Lo descubrirás dentro de poco.

-¡Pero no sé cuánto es ese poco!

-Pues yo no te lo voy a decir, lo vas a tener que adivinar.

Ella se hizo la enfada, le miraba de reojo y veía su sonrisa de autosuficiencia, tan perfecta, que tenía que dejar de mirarlo para no empezar a sonreír ella y que su enfado no se notase.

-As ganado este asalto, pero no la guerra, borra esa sonrisa- pensaba para sus adentros.

Ahora, era él quién la miraba. Le encantaba verla cuando se hacía la enfadada, porque se le formaba una bonita arruga en el entrecejo. Lentamente, le puso su mano sobre la pierna y se la empezó a acariciar. Ella se la cogió y se la acercó a sus labios. Ya no había rastro de la diminuta arruga.

-¿Qué es ese olor?

-Venga Sherlock, tú puedes saberlo.

-¿Es el mar? ¡Sí, es el mar!

-Elemental querido Watson.

-¿Pero hace un segundo no era Sherlock?

-Tú eres todo lo que quieras ser, Wendy

-¿Por qué Wendy? ¿Acaso eres Peter Pan?

-Sí, y estás en este coche para ir a Nunca Jamás, tal como te prometí.

Ella no dijo nada, solo podía mirarlo y sonreír. Estas tonterías solo las puede hacer él, y le encantaba eso. Sí, estaba dispuesta a no envejecer nunca si es a su lado.

El viaje se hizo bastante ameno, y el paisaje era precioso. Ya se podía ver el mar desde la lejanía, y unas pequeñas gaviotas revoloteando en lo más lejano, aunque cada vez se estaban acercando más y más.

Llegaron a un pequeño embarcadero y dejaron allí el coche. Él abrió el maletero y empezó a sacar neveras, toallas… Y lo empezó a cargar todo en un barco que estaba amarrado.

-Seamos malos, vayamos a dar un paseo en el barco del Capitán Garfio ahora que no está. Venga Wendy, sin miedo.

Ella sonrió y se introdujo dentro del pequeño barco, detrás de ella se metió él y el barco empezó a navegar por encima de las calmadas olas de aquel mar. Los dos se relajaron mientras el capitán los llevaba hacía una pequeña isla

-¿Ya estamos llegando a Nunca Jamás?

-Si señorita, vas a ser una niña perdida más. A ver si eres capaz de ver a campanilla- le dijo el capitán siguiéndole el rollo.

-¿Y va a haber tres soles en el cielo?

-Umm…- él se quedó mirando al pequeño Peter Pan.

-Claro que sí, los tres soles van a estar hoy en el cielo. Y en uno de ellos vas a poder ver una serpiente alada.-Le dijo ayudando al capitán.

Frenaron en la orilla, y bajaron los dos. No había nadie en aquella isla apartada de toda civilización posible, ¡Por eso decía lo de niña perdida! Pero era incapaz de ver por qué decía lo de los tres soles y de la serpiente alada.

-A lo mejor solo lo dijo por cumplir, para que me creyese que puede hacer todas mis fantasías realidad. Aunque él es todo lo que sueño.- pensaba ella.

-Venga, relájate. Que aquí no va a haber ningún cocodrilo que quiera comerte las manos. Como mucho hay algún que otro tiburón.

-¿Ti-ti-burones? Estás de bromas, ¿no?

-No, aquí hay muchos tiburones. La película de tiburón se ha inspirado en esta pequeña playa.- Le dijo muy serio.

-Señor, dime que está de bromas- le dijo suplicando al capitán de barco que le dijese que no había tiburones.

-La verdad, es que se han visto algún que otro tiburón hace algún par de años. Pero lo de la película… Ya es mucho exagerar- dice con una gran carcajada.

Ella miró al agua con miedo, le encantaba el olor a mar, ver el movimiento de las olas y todas las maravillosas historias que hay sobre el, todos los cuadros que exaltan su belleza y su grandeza. Pero ahora, solo puede ver aletas por todas partes.

Nunca le gustaron las criaturas que el mar oculta, y menos los que tienen grandes dientes y que sean capaces de devorarla entera en menos tiempo del que tardarían en ir a rescatarla.

-¿Nos metemos entonces?

-¡No! Ni loca, yo esa agua no la voy a tocar.

-Vale, quédate en la orilla mientras yo voy a nadar.

El corrió y se tiró de cabeza al mar, de pronto empezó a gritar mientras se iba hundiendo. Las olas ya empezaban a cubrirle la cabeza. Sin dudarlo un momento, ella se lanzó completamente vestida a salvarle.

-¡No te acerques, que es un tiburón!

De pronto, se sumergió completamente, sin dudarlo más, nadó lo más rápido posible en dirección al último sitio dónde lo vio. Pero allí ya no había nadie, ni nada. De pronto, algo la ataca por la espalda.

-¡Aaaaaaah!- gritó a pleno pulmón.

Detrás de ella sale él riéndose a carcajadas mientras la coge y la acerca a su cuerpo. Le da un gran beso pero ella le aparta de un gran empujón.

-Déjame en paz. No me toques, esta vez ya te has pasado.

Él se quedó petrificado, mirando como ella salía a la orilla y se escurría el pelo; un montón de agua empezó a caer. Estas gotas se juntaron junto a todas las otras que la caían de la ropa.

-No te enfades, solo era para que superases el miedo.-Dijo mientras nadaba a la orilla.

-Pues no ha funcionado.

-Yo creo que sí que lo ha hecho.

-¿Y por qué crees eso? Si se puede saber…-Dijo ella con los ojos en llamas.

-Porque aunque yo te haya dicho que había un tiburón en el agua te has metido igual, eso quiere decir que no te importaba tanto el tiburón y que no le temes tanto.

-¿O tal vez quiere decir que te quiero a ti más, y que solo en ese momento lo puedo soportar?- Dijo mientras se iba acercando a donde estaba él y lo abrazó con mucha fuerza.

Él le devolvió el abrazo, mientras le indicaba que debían de subir al barco de nuevo. Este se puso en marcha, y empezaron a ir a otras isla, por el camino vieron tres islas con una montaña respectivamente, aunque parecían grandes volcanes.

-Bueno, ahora es cuando estamos en nuestro cambio de planeta en busca del que tenga tres volcanes y una rosa, eses son los tres volcanes, pero ¿Y la rosa?- Le preguntó él como si la estuviese buscando por las orillas.

-Creo que nos hemos equivocado de planeta entonces, o puede que finalmente el cordero se escapase de la caja y la comió.- Dijo mientras buscaba con todo su ahínco una señal de vida de aquella flor, que, sin duda, allí no estaría.

Justo cuando se giró para ver si él la había visto, la encontró.  La tenía entre sus manos, mientras estaba de rodillas con una gran sonrisa en la cara. Luego se levantó y se la entregó con mucho cuidado para que no se pinchase.

-Parémonos en aquella isla de allí, que es dónde está el único volcán inactivo de este planeta.  Que ya va siendo hora de comer.

Bajaron y empezaron a comer unos sándwiches fríos que él había metido en la nevera que llevaban, y lo acompañaban con un refrescante zumo de naranja. Era todo lo que comían desde el almuerzo y eso que ya estaban a media tarde.

-Tu planeta es precioso, Principito.
Él la miró en silencio, le encantaba la sonrisa que tenía en la cara. Le estaba gustando toda aquella aventura en la que se habían embarcado, se lo notaba. Pero lo mayor sorpresa de todas, los estaba esperando al final del largo viaje por esas maravillosas islas.

-Señor, puede venir aquí un momento- le dijo el capitán del barco.

Él se acercó lo más rápido posible.

-¿Qué sucede?

-Verá, me temo que tenemos que ir ya a la siguiente isla, para llegar a la hora programada.

-Ah, vale, entiendo.- le dijo él.

La llamó y casi al momento ella ya estaba a su lado, le dijo que se tenían que ir ya de aquel planeta, que era hora de la limpieza de los volcanes y que tenían que empezar a arrancar los baobabs mientras aún eran pequeños.

En la siguiente isla en la que pararon, él le dijo que esperase en el barco. Pasados unos cinco minutos, el capitán le mandó que se bajase del barco, que la estaba esperando.

-Por cierto, vas a encontrar un paquete en la orilla. Ponte lo que haya dentro y que tengas mucha suerte.- le dijo con una gran sonrisa.

Ella se quedó un poco petrificada, ¿Qué sorpresa le tendrá hora preparada? ¿Qué habrá dentro del paquete? ¿Qué fantasía absurda me va a hacer realidad?

Cogió el paquete, estaba perfectamente cerrado. Al abrirlo se encontró con una larga tela, una carta y lo que parecía ser una varita. Al final, resultó que aquel montón de tela, era una maravillosa capa con el logo de Slytherin bordado.

La carta decía lo siguiente:
“Mi pequeña Bellatrix Lestrange, estás a  punto de vivir una gran batalla contra el hombre que tanto te has alegrado de haber matado.
Pd: He recuperado mi varita, la que tenías escondida en mi cuarto, pero a cambio, te he traído la tuya. Toda para ti.
Atte. Sirius Black”

-Por lo visto, esta va a ser la escuela de magia a la que voy a asistir. Que se prepare, que tiene todas las de perder ese sangre sucia- pensó para ella.

De pronto, él apareció detrás de uno de los múltiples árboles que allí había. Y la batalla dio comienzo. Eran dos jóvenes enamorados corriendo por una isla lanzando hechizos, sin darse cuenta de que el mayor hechizo que allí había era la del amor que los juntó.

-¡Qué divina pareja!- pensaba el capitán del barco, mientras veía aquella maravillosa escena desde el barco.

Las horas fueron pasando muy veloces, finalmente se escuchó que de la boca de ella salió la maldición de la muerte y el juego se acabó. Él se desplomó al suelo con mucha elegancia y ella corrió para revivirlo con un gran beso en los labios.

Subieron de nuevo al maravilloso barco que los estaba llevando a cumplir cada una de sus pequeñas fantasías. Y se dirigieron a la última isla. Se sentaron a ver la puesta de sol pero delante tenían unos inmensos árboles que les tapaban las vistas y lo fracturaban en tres partes.

-Aquí ya tienes los tres soles que te había prometido.

Y en el momento empezaron a salir fuegos artificiales, uno de ellos, ascendía como una majestuosa serpiente.

-Y aquí tengo mi serpiente alada- le dijo mientras apoyaba la cabeza sobre su hombro izquierdo.

Después de eso, emprendieron el viaje de regreso a casa. Con las estrella iluminando y una enorme Luna llena en el medio.

-Solo me queda hacer una cosa.

-¿Qué cosa?

-Decirte dónde se esconde el Sol cuando aparece la Luna, pues tú no lo puedes ver, pero yo sí.

-¿Y por qué yo no lo pedo ver?

-Porque se oculta en tu sonrisa.

Ella se sonrojó y mostró una de sus mejores sonrisas. Al llegar de nuevo al coche se despidieron del capitán e iniciaron su viaje de regreso a casa.

El viaje estaba siendo muy oscuro, se empezaba a notar muy cansada, con ganas de cerrar los ojos y no volver a abrirlos jamás. Pero esta sensación se le quitó de golpe al llegar a casa.

De pronto, se empiezan a escuchar unas voces:


-Ya ha vuelto, no vuelvan a cargar.