Un alma en pena que viaja sola y vestida de negro, con una
capucha y con una melancolía que le podría la carne de gallina a cualquiera que
escuchase su historia. A cualquiera menos a ella, porque no es más que un
montón de huesos.
Intenta encajar pero tan pronto como ven su rostro se ponen a
correr, sin darse cuenta de que cuando llegue el final de su vida la volverán a
encontrar y esta vez no la podrán abandonar. Solo aquellos que en vida no se
marcharon en el futuro no la encontrará y vivo para siempre se quedará.
Esta alma en pena, tan triste y sin casi amigos. A ser
sincera, solo yo fui capaz de hablarle; porque estaba tan triste y sola como
ella. Nosotras conectamos rápidamente y cuando me enseñó su rostro me di cuenta
de que las palabras más bonitas y el mejor de los consuelos fueron de la
muerte, a la que siempre había temido. Y ahora me doy cuenta de que no la
volveré a ver y sin muerte en este mundo viviré.
La muerte para mí se convirtió en una aliada, en una amiga,
en una persona que solo ves una vez pero que te deja marca para siempre y ese
siempre será eterno. Todo por comprender a una incomprendida, por abrazar a una
marginada, por oír hablar a quien se creía muda y por hacer que me escuchase la
considerada sorda.
Cuando considere que mi hora a llegado, me meteré en una
caja y aunque viva esté, mi eternidad bajo tierra pasaré y en ocasiones su voz
escucharé y hablaremos como la primera vez, pero no nos veremos por mucho que
lo deseemos.
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