Eso de que el demonio es un ángel caído es falso, solo es un ángel que tropezó con un amor indebido. 666, el número de besos que le robó a su amado antes de ser descubierto y expulsado del paraíso; 666, el número de lágrimas que le resbalaron por su rostro al descubrir que a él le tocaba ser el malo en aquella trágica historia de amor.
Fue un duro golpe descubrir que, mientras a él todos lo odiaban, a Dios más lo adoraban, por haber expulsado el mal de entre sus filas, sin saber que estaba apartando al amor de su vida.
Ruptura dolorosa después de 33 años del nacimiento de su único hijo. Vientre de alquiler que le costó su relación y el diablo de Dios por siempre se separó.
Destierro, abandono, soledad e incomprensión, es todo lo que ganó de aquel trágico tropezón con el maldito amor. Todos dicen que fue Dios el que lo inventó ¡Menuda equivocación!, solo lo llenó de desilusión, falsas esperanzas y peores aventuras que nunca llegan a nada, salvo para que uno ame más.
666, sufrió mucho por amor porque su palomo se fue a dejar la semilla que le traería la alegría, pero cuando regresó, la chispa se apagó. Supongo que por eso el infierno está en llamas, para que cuando Dios mire hacía el, se dé cuenta de que nunca lo olvidó y de que todavía lo ama.
666, el número de días y noches que duró ese amor; y su número de la suerte en el maldito se transformó.
Palomo sin alas, que no vuela ya, solo puede caminar por la soledad; perdónalo, vuelve a amar y así la paz al mundo regresará.
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