Nadie sabe cuál es tu nombre, todo el mundo te llama
Margarita por eso de tus cambios repentinos en las decisiones, que a veces, son
en un mismo segundo, sino nosí. No sé qué decirte que no puedas suponer ya, que
este es el motivo de que te acabasen desflorando.
Como no iba a ser de otra manera, acabaste entre mis brazos,
para ver si yo podía montar el puzle de tus indecisiones. Sin pensar que tú
también querías jugar, por eso, desmontabas el puzle de mi cabeza para luego
volver a montarlo, haciendo que acabase más indeciso que tú, lo que provocó
nuestra separación.
Ahora estoy con otra, cuando me dice que sí, es un sí
rotundo, no hay vuelta de hoja. Empiezo a extrañar tus sinos y nosis. ¿Te
acuerdas de aquel ramo de rosas que te regale? ¿No? Es lo normal, porque nunca
pude dártelo, y este es el motivo:
Antes de ir a la floristería, te pregunté ¿Rosas rojas o
rosas?, rosas me dijiste, cuando llegué a la puerta recibo un mensaje tuyo,
rojas tenía escrito; entré y le pedí rosas rojas, cuando me las dio recibí otro
mensaje tuyo, rosas decía esta vez; y justo cuando iba a pagar un ramo de rosas
rosas, recibo un nuevo mensaje tuyo que pone, rojas. Al final, decidí abandonar
la idea de comprarte rosas rojas o rosas, y me decante por un ramo de
margaritas, como tú.
Te digo esto, porque aunque la persona con la que estoy
ahora, me ha pegado muy bien las piezas de mi puzle mental, yo he sido capaz de
quitarlas de su sitio para volver a la indecisión que tanto me recuerda a ti,
Margarita; por eso decirte, que ahora quiero volver contigo, ahora no, ahora sí,
ahora no, ahora sí...