No importa que coja una dirección totalmente apuesta a la tuya, ni si vas borrando tus huellas durante el camino. Al final, mis pies me llevan de nuevo a tu lado.
En esto, nada tiene que ver el destino ni la casualidad.
Nuestras miradas siempre se acaban cruzando de nuevo por una sencilla razón. En el momento en que mis ojos no te pueden ver, mi cerebro empieza a trazar todas las rutas posibles para encontrarme contigo, teniendo en cuenta la dirección errante de tus pasos.
A veces, solo te miro desde lejos, te veo sonreír y se me escapa una sonrisa tonta a mí también. En eses momentos, no quiero acercarme a hablarte porque me toca olvidarte.
Siempre me digo, una y otra vez "Recuerda, esta vez lo vas a superar de verdad".
Que mi corazón ya no latía por ti. Pero me equivocaba...
Pasaron los días, las horas y los minutos, y a cada momento estaba esperando un mensaje tuyo.
Ellos tenían razón.