Hoy he descubierto, que para encontrar al amor de verdadero
tengo que estar con tres personas casi iguales, pero a la vez distintas. Porque
cada una será más grande que la anterior,
sí, yo estoy hablando de medias naranjas, pero antes de llegar a esta, hay que
pasar por la media clementina y por la media mandarina. Se parecen mucho, pero
realmente no dan la talla.
A mi media clementina, ya la encontré, pero no funcionó,
teníamos muchas cosas en común pero no era suficiente grande y amplia para mí.
Realmente parecía ser más mi hermano pequeño que mi novio, por eso no funcionó,
porque no había amor de verdad, sólo una buena amistad.
Mi media mandarina, también la abandoné, esta era más lo que
yo buscaba, se parecía mucho al amor que deseaba, pero, realmente era eso...
Una pequeña mandarina, no llegaba a la
naranja que yo estaba buscando, y que la acabé encontrando. Aun así, a mi media
mandarina le extraño, porque a diferencia de la clementina, él era para mí,
como un gran amigo, de esos que te alegran el día aunque estés en el peor
momento de tu vida.
Y ahora, es el turno de mi media naranja, ¿La encontré? Sí,
claro que la encontré. Estaba colgada en el baño y era tal cual yo. Sí, mi
media naranja es el espejo, siempre siendo sincero y diciéndome que hasta que
yo no me hiciese una naranja entera, no sabría nunca que es el amor. Y ahora
que por fin estoy completa, le encontré, también era una naranja completa, por
eso le pude dar una de mis mitades, pero la otra seguiría siendo yo.
Por si algún día me hace daño, no moriré, porque me queda
otra mitad con la que volver a arriesgar y él también tendrá una nueva
oportunidad. Por eso no puedes amar a nadie si primero no te amas a ti, porque
serás una naranja incompleta y si te llevan esa mitad que tú eres,
desaparecerás para siempre.
Intenta completarte y luego ya te podrás partir para ser la
mitad de alguien y hacer de ahí una naranja nueva, hecha por dos trozos de dos
naranjas completas y diferentes, y que cada una sigue conservando lo que es;
una mitad libre y otra dependiente, para tener siempre igualada la balanza.
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