Vacío, soledad, tristeza, eso es todo lo que puedes ver a
través de los ojos de la chica de las 147 pecas que le relucen sobre su pálida
y fina piel.
Su pelo castaño es
largo y ondulado, y parece que puedes ver el mar en el desierto; lo que más me
enamora es cuando lo recoge en un moño y puedes observar las cuervas de su
cuello, que te incitan a querer tocar cada milímetro con tus labios y subir
hasta mordisquearle las orejas mientras hundes la nariz en su cabello y aspiras
todo su aroma.
Porque su pelo huela a primavera, incluso si cierras los ojos,
puedes escuchar a los pájaros cantar y al agua correr por un pequeño arroyo;
pero este precioso paisaje también es su cuerpo. Sus ojos verdes, como los
prados más hermosos del mundo, supongo que tienen ese color por lo mucho que
llueve en ellos.
Su nariz, es
perfecta, en ella se encuentran concentradas la mayoría de sus pecas, que me
recuerdan a las flores alzándose sobre un campo nevado, y esos labios... rojo
intenso, nunca he tenido la oportunidad de recibir una palabra de ellos, pero aun
así me han hecho sentir como un lobo hambriento deseando que ese sea el bocado
que más le sacie.
Su cuerpo es
perfecto, tiene curvas tan pronunciadas que da pena que estén siempre tan
ocultas, y sus pechos... eso sí es perfección. Y desprende ese olor tan dulce
que ninguna chuchería conseguirá jamás. En su pecho me pierdo cuando sube y
cuando baja por el latir de su destrozado corazón; que tiene las puntas tan afiladas
que me hacen pensar que son las causantes de las marcas en sus muñecas y en sus
piernas.
Porque ella está harta de la pureza de su blanca piel y le
gusta ver como la nieve se va tiñendo lentamente de rojo, por cada
"defecto" que se ve. Antes era la chica de las 147 pecas ahora la
conozco por la chica de los 700 cortes.