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jueves, 29 de octubre de 2015

Querido lunes, odiado jueves

Todo el mundo tiene la extraña costumbre de odiar las cosas que están al principio o que ocurren por primera vez. Unos de los ejemplos más claros que se me ocurren es ese odio existencial que tienen las personas hacia el pobre y odiado lunes.

Él es el primer día de la semana y nos indica que los recuerdos borrosos del fin de semana ya son algo muy lejano que no volverás a recordar nunca más. Que es el día en el que tienes que volver a tus labores habituales; ¡Pobre e incomprendido lunes! ¿Por qué no le hacemos igual que le hicimos al número 13? Antes era el de la mala suerte, y ahora es el favorito de mucha gente, hagamos que le pase lo.

Empecemos a odiar a los jueves, que siempre andan en medio de todas las cosas, que nos dicen que tiene complejo de viernes pero no le llega ni a la suela de los zapatos. Sí, yo quiero que el odio que le tienen a los lunes se les pase a los jueves, que son muy pesados... Recuerdo lo pesadas que eran las clases ese día, el odio que tenía cada vez que poníamos un examen en jueves.

No, no odio los jueves solo por el colegio ni por el nombre que le ha tocado, que lo hace aún más pesado; también odio a los jueves porque fue el triste día en el que él me abandonó y para siempre de este mundo se marchó. Sí, el jueves se tiñó de sangre porque fue el día en el que se llevaron a la mitad de mi vida, se llevaron a mi primer y verdadero amigo; por eso también detesto que odien a los primeros, porque él fue el primer hombre en mi vida, porque él fue el primero en llevarme a un concierto, porque él fue el primero en arrancarme una sonrisa...


Porque él fue el primer y el último hombre al que le llamé y le llamaré por siempre... <i>papá</i>; aunque en un triste y odiado jueves me abandonó para siempre.

viernes, 2 de octubre de 2015

147 pecas

Vacío, soledad, tristeza, eso es todo lo que puedes ver a través de los ojos de la chica de las 147 pecas que le relucen sobre su pálida y fina piel.

 Su pelo castaño es largo y ondulado, y parece que puedes ver el mar en el desierto; lo que más me enamora es cuando lo recoge en un moño y puedes observar las cuervas de su cuello, que te incitan a querer tocar cada milímetro con tus labios y subir hasta mordisquearle las orejas mientras hundes la nariz en su cabello y aspiras todo su aroma.
   Porque su pelo huela a primavera, incluso si cierras los ojos, puedes escuchar a los pájaros cantar y al agua correr por un pequeño arroyo; pero este precioso paisaje también es su cuerpo. Sus ojos verdes, como los prados más hermosos del mundo, supongo que tienen ese color por lo mucho que llueve en ellos.

 Su nariz, es perfecta, en ella se encuentran concentradas la mayoría de sus pecas, que me recuerdan a las flores alzándose sobre un campo nevado, y esos labios... rojo intenso, nunca he tenido la oportunidad de recibir una palabra de ellos, pero aun así me han hecho sentir como un lobo hambriento deseando que ese sea el bocado que más le sacie.

 Su cuerpo es perfecto, tiene curvas tan pronunciadas que da pena que estén siempre tan ocultas, y sus pechos... eso sí es perfección. Y desprende ese olor tan dulce que ninguna chuchería conseguirá jamás. En su pecho me pierdo cuando sube y cuando baja por el latir de su destrozado corazón; que tiene las puntas tan afiladas que me hacen pensar que son las causantes de las marcas en sus muñecas y en sus piernas.


Porque ella está harta de la pureza de su blanca piel y le gusta ver como la nieve se va tiñendo lentamente de rojo, por cada "defecto" que se ve. Antes era la chica de las 147 pecas ahora la conozco por la chica de los 700 cortes.