viernes, 28 de noviembre de 2014

En una sola quedada

 Estoy intentando escribir algo para ti, pero no se me ocurre nada o tal vez no pueda pensar en nada. Me acuerdo de tus ojos mirándome, de tus labios moviéndose cada vez que me decías una palabra o sonriéndome por un chiste malo que acababa de contar, o simplemente me acuerdo de tus mejillas, esas que están siempre sonrojadas y que me encantan. Pensar en eso me distrae, me hace sentir feliz y evita que escriba, pues un leve temblor me recorre el cuerpo y me acaba produciendo una sonrisa.

No sabía decirte como me decidí por dar el paso de ir a hablarte, lo único de lo que estoy segura es de nuestros ojos mirándose y marcando una fecha y un lugar, para poder hacer lo que siempre quise, estar junto a ti, aunque solo fuese por un instante. Por fortuna para mí, ese instante se alargó y después me di cuenta de que no quería que ese día se acabase, pero como siempre el Sol se marchó y cuando salió de nuevo el día de ayer ya parecía muy lejano.

Por suerte para mí los días buenos están llegando, pues cuando después de aquel amanecer, nos volvimos a encontrar.  No nos hablamos hasta que, como se suele decir, a la tercera va a la vencida y así fue, cuando nos vimos por tercera vez, me dijiste un "hola" que hizo que todas las nubes negras que tenía en mi cabeza se marchasen. Solo podía pensar en ti el resto del día y sigue siendo así.

Ese día que quedamos sobre unos 50 minutos me llegó para conocerte bastante bien, me respondías a todo lo que te preguntabas y me emocionaba a cada respuesta, era algo extraño, pero lo necesitaba, necesitaba poder confirmar mis sospechas, que eres la persona a la que siempre busqué, pero a la que nunca obtendré.


Pronto volveremos a quedar, si todo va mal, para mi será perfecto, poder tenerte de nuevo cerca de mi cuerpo y ayudándome a cada paso que voy dando, mientras tú haces el mismo en dos bandos. No voy a decir que me gustas, pero tampoco que me disgustas, pues no sé decirte lo que siento eso nunca fue mi fuerte, pero si algún sentimiento tendría que darle, le daría la curiosidad, pues es todo lo que de momento generas.

martes, 4 de noviembre de 2014

Querida incomprendida

Un alma en pena que viaja sola y vestida de negro, con una capucha y con una melancolía que le podría la carne de gallina a cualquiera que escuchase su historia. A cualquiera menos a ella, porque no es más que un montón de huesos.

Intenta encajar pero tan pronto como ven su rostro se ponen a correr, sin darse cuenta de que cuando llegue el final de su vida la volverán a encontrar y esta vez no la podrán abandonar. Solo aquellos que en vida no se marcharon en el futuro no la encontrará y vivo para siempre se quedará.

Esta alma en pena, tan triste y sin casi amigos. A ser sincera, solo yo fui capaz de hablarle; porque estaba tan triste y sola como ella. Nosotras conectamos rápidamente y cuando me enseñó su rostro me di cuenta de que las palabras más bonitas y el mejor de los consuelos fueron de la muerte, a la que siempre había temido. Y ahora me doy cuenta de que no la volveré a ver y sin muerte en este mundo viviré.


La muerte para mí se convirtió en una aliada, en una amiga, en una persona que solo ves una vez pero que te deja marca para siempre y ese siempre será eterno. Todo por comprender a una incomprendida, por abrazar a una marginada, por oír hablar a quien se creía muda y por hacer que me escuchase la considerada sorda.

Cuando considere que mi hora a llegado, me meteré en una caja y aunque viva esté, mi eternidad bajo tierra pasaré y en ocasiones su voz escucharé y hablaremos como la primera vez, pero no nos veremos por mucho que lo deseemos. 

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Celos de amistad

Como ya empieza a ser costumbre, me vuelves a superar. Pero no solo en las notas,  como ya estoy bien acostumbrada, si no que me superas en él.
Me encantaría poder llorar y así quitarme la pena de no tenerle, de no poder olerle, pero soy incapaz. Un muro me bloquea el paso de las lágrimas y no me deja escapar, ¿La culpable? , La rabia y puede que también la sucia envidia que siento por ti.

Debo evitar esta malsana envidia, porque eres mi mejor amiga, aunque creo que eso  no mejora las cosas. Pero sin ti no podría ser feliz, aunque sienta rabia y celos, porque en todo eres genial, nunca tienes fallos ni manchas y haces a todos felices. Pero lo que más odio de ti es lo que a  mí más me gustaría tener...  Si estoy hablando delo sociable que eres.

Yo siempre tan antisocial y tú siempre tan sociable, te integras tan rápido, mientras que yo siempre estoy en una esquina, observando e intentando aprender de ti, pero no se puede hacer algo perfecto de la cosa más imperfecta. Puedes decir que soy perfecta  a mi manera, pero ese tipo de perfección no le gusta a él.


Pensar en que si algún día conozco a alguien, cuando te  lo presente, lo que más deseará será conocerte y me dejará de lado. Todo para poder, al menos, rozar tu mano y darse cuenta de que todo este tiempo estuvo tocando la mano equivocada. La mano del diablo, la mano que escribe esto, con los dedos en carne viva, porque estas palabras la van quemando.

martes, 9 de septiembre de 2014

Azules, color iceberg

Y allí estaba yo, frente a él, con esos enormes ojos azules mirándome, y pensar que hace tan solo unos meses que comenzamos a hablar me resulta algo increíble y a la vez fascinante, porque en ese momento me di cuenta de cómo cambió todo.

La primera vez que le vi, me acerqué a hablarle, me miró con esos ojos azules, que me transmitían frío, desconfianza, amargura, impasibilidad y mucho dolor escondido en su interior. En el momento en que le dije "hola" todo se confirmó, es increíble como los ojos nos pueden contar más que las simples palabras.

Los días pasaban, pero las conversaciones no eran muy grandes, solo me hablaba para pedirme algo o si tenía alguna duda, pero yo, intrigada por lo que escondían aquellos ojos me lancé y le preguntaba muchas cosas.

Al principio solo respondía con monosílabos, pero cuanto más avanzaban los días, ya empezaba a hacer frases y alguna que otra pregunta, lentamente sus ojos parecían menos fríos pero aún faltaba un largo tramo que recorrer.

Después de cuatro semanas hablando nos dimos el número, en ese momento lo que habíamos creado se hizo más fuerte y empezamos a hablar cada vez hasta más tarde, era algo especial; llegó un momento en que un día sin hablarle, era como un día perdido.

Llegó un día en que al verle otra vez los ojos ya no había desconfianza y lentamente el frío que sentía al mirarlo se fue, para transformarse en algo cálido, en algo que me calentaba el alma y lo más profundo de mi corazón.

Y hoy, me di cuenta que él iceberg de sus ojos, se derritió por completo, lo supe porque de sus ojos salía agua, un agua muy fría que llevaba mucho tiempo congelado, provocando que estuviese en continua tristeza.


Pero en calor de mis palabras lo descongelo, haciendo que, por primera vez en su vida, pudiese expresar todo el dolor que tenía, sin tener que ocultárselo al mundo, al frío y cruel mundo, que hizo de aquellos ojos, el más frío de los icebergs.