Todo el mundo tiene la extraña costumbre de odiar las cosas
que están al principio o que ocurren por primera vez. Unos de los ejemplos más
claros que se me ocurren es ese odio existencial que tienen las personas hacia
el pobre y odiado lunes.
Él es el primer día de la semana y nos indica que los
recuerdos borrosos del fin de semana ya son algo muy lejano que no volverás a
recordar nunca más. Que es el día en el que tienes que volver a tus labores
habituales; ¡Pobre e incomprendido lunes! ¿Por qué no le hacemos igual que le
hicimos al número 13? Antes era el de la mala suerte, y ahora es el favorito de
mucha gente, hagamos que le pase lo.
Empecemos a odiar a los jueves, que siempre andan en medio
de todas las cosas, que nos dicen que tiene complejo de viernes pero no le
llega ni a la suela de los zapatos. Sí, yo quiero que el odio que le tienen a
los lunes se les pase a los jueves, que son muy pesados... Recuerdo lo pesadas
que eran las clases ese día, el odio que tenía cada vez que poníamos un examen
en jueves.
No, no odio los jueves solo por el colegio ni por el nombre
que le ha tocado, que lo hace aún más pesado; también odio a los jueves porque
fue el triste día en el que él me abandonó y para siempre de este mundo se
marchó. Sí, el jueves se tiñó de sangre porque fue el día en el que se llevaron
a la mitad de mi vida, se llevaron a mi primer y verdadero amigo; por eso
también detesto que odien a los primeros, porque él fue el primer hombre en mi
vida, porque él fue el primero en llevarme a un concierto, porque él fue el
primero en arrancarme una sonrisa...
Porque él fue el primer y el último hombre al que le llamé y
le llamaré por siempre... <i>papá</i>; aunque en un triste y odiado
jueves me abandonó para siempre.
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